YO DESPUÉS DE NOSOTROS

Decía Nietzsche que cuando miras largo tiempo un abismo, éste se vuelve a mirar dentro de ti. Y eso es lo que me pasó.

Las semanas y los meses contemplando una despedida congelada en humor vítreo acabó por inundarme el pecho. Me caló hasta los huesos aquella distancia, aquel ir y venir de gentes ajenas. Aquel sonido del reloj. Aquella vida sin ti y sin mí.

Fue como si la simple idea de volver a verte fuese una estupidez, como si hubiese un ejército de vida riéndose a carcajadas de mi utopía hecha rutina. Tú hablabas de coraje y yo me había construído un traje de cobarde con mis memorias. El homenaje que menos te merecías pero para el único que fui capaz de prepararme.


ALFA Y OMEGA

Me mantuve firme ante el propósito de negar la realidad. Cuando al recoger los desperfectos de aquel catastrófico portazo, días después, encontré tu firma en mi reflejo.

¿Porqué aquella mancha de carmín iba a durar más que nuestra historia? Aquel beso rojo en el espejo parecía burlarse de mí todas las mañanas. Y yo, personalizando la eternidad de un tú y yo en él, rodeaba cada domingo de limpieza con el paño húmedo tus labios, pensando que mientras ellos no desaparecieran, nosotros estábamos vivos en algún lado.

Ni las flores, ni el sermón, ni las palabras de despedida de los familiares más cercanos. Tampoco la piedra con tu nombre y dos años limitando lo que no se puede limitar. Principio y fin. Nacimiento y muerte. Como si en esos treinta y dos años fuese en los únicos que tus propios amigos te permitirían vivir. Como si después del dos mil dieciséis ya no existieras. Ya no estás. Ya no eres. Se acabó, cerramos paréntesis. Ya se fue.

Me niego a pensar que el olvido, que conseguirlo es conseguir la nada, hiciese de agujero negro a tu paso por el mundo. Me niego a borrar tu carmín de mi espejo, me niego a no pararme frente a él con la mejilla estratégicamente colocada para recibir tu beso cada mañana y cada noche.


Muchacha en la ventana


Yo soy de esas que se sientan a escribir sobre todo. Soy de esas personas que observa el mar y lo describe, que huele la hierba y necesita encontrar las palabras. Soy de esas personas que cuentan historias, que piensan en voz alta. O escrita.

Pero siempre se me ha dado mal imaginar algo nuevo. Quizás me acomodé en la butaca, desde la que observaba pasar las hojas volando y contaba su ruido al crujir bajo un zapato. Pero nunca soplé para hacer volar ninguna.

Hablo de las situaciones, pero no sé provocarlas. Espero a que sucedan y cuento el diálogo de dos imaginados personajes, efímeros, complejos de tan sencillos, que a su manera desgranan los instantes de un momento.
Y creo que fuera del boli y el papel me pasa lo mismo. Me senté de pequeña ante la ventana y sigo esperando, observando, describiendo, desnudando. Pero nunca he intentado levantarme, me dejo llevar para ser la muchacha en la ventana de Dalí, que solo mira y se resigna.

Nunca se me ha dado bien provocar. Y el mundo sigue contándome cómo lo hacen los demás.

Ya no sé cómo se escribe el dolor

Lo único que sé es deshacerme en el viento. Dos años después.
Dos años de silencio y blanco en los papeles. Más de seiscientas noches en las que buscarme la vida para escupir todo lo que me ahogaba sin poder escribirlo. Como si al irte hubieras tirado al mar la llave que libera mis manos y mis ojos.

Ya no me acuerdo cómo se hace. Cómo se desliza mi mano sobre la mesa y cómo duele la pluma clavada en mis dedos, poniendo la fuerza en ella y en lo que cuento. Tampoco soy ahora capaz como antes de correr con los ojos de un lado al otro de las líneas.

Porque me has robado todo. Las ganas y las armas. Ya no sé como escribir sin tí. Y lleno mi habituación y mi vida de bolas de papel arrugadas llenas de intentos inútiles de contarte que no quiero que vuelvas porque te echo de menos.

UNA HISTORIA POR CANCIÓN 71/100

"Yo a ti te dejo pasar como quien aguanta el hambre, como quien vive la lluvia detrás del cristal."

A ti te dejo contarme mi propia historia, y mi futuro. Te lanzo el boli y arrastro a tu lado de la mesa el cuaderno. Tú decides.
Te dejo suicidarme. Te dejo cuidarme cuando tengo miedo de ti. Te lavo las heridas que traes de otras peleas y te abrazo para que no huelas a otras camas.
A ti, del que hablo mal a mis amigos, al que grito antes de que dude si volverás después de este reproche, te dejo decirme que todo va a ir a mejor, como quien oye a un político al otro lado de una pantalla mentir a la cara y no hace nada.
 A ti, solo a ti, te dejo hacer de mi una sábana y de ti un vendaval. Y solo tú sabes qué va a pasar mañana.
Solo te pido que no vuelvas queriendo que regreses.

Para conocer la verdadera historia... {Tiempo de espera - Vanesa Martín}

UNA HISTORIA POR CANCIÓN 70/100

Nothing unusual, nothing's changed, just a little older that's all. You know when you've found it, there's something I've learned 'cause you feel it when they take it away"
No sé qué me dijo cuando le conocí. Ni el motivo de la primera discusión. Tampoco la última. Lo único que recuerdo claramente es todo ese último día. Curioso, ¿no?
Sé que aquel último día desayuné un zumo de naranja. De dos naranjas. Estaba dulce pero con demasiada pulpa. Y tiré por el fregadero el último sorbo. Dos tostadas con queso a las que les quité el borde.
Hubiera vuelto atrás para comerme y beberme cada resto. A recolectar cada rechazo de aquella mañana y abrazarlo fuerte. Como si así algo de él, de su último día, se quedase más tiempo conmigo.
Salí del portal de casa a las 7:56h y bajé la cuesta mirando el cielo con mala cara, amenazándole así por si empezaba a llover.
Sé que el termómetro de la calle indicaba 7ºC y que el reloj de la farmacia, como siempre, estaba adelantado. Sé que tres niños cruzaron conmigo la calle. Que un anciano hablaba con su hijo por teléfono sobre la cuenta del banco.
Que el viento venía del norte, pues hacía bailar los árboles por encima del letrero del estanco. Y sé también que dos furgonetas en doble fila mantenían atascado a un padre con sus dos hijos en un coche gris, camino del colegio.

Puedo recordar cada detalle de todo lo que hice pero soy incapaz de recordar cuántos lunares poblaban su mejilla izquierda. Qué estúpida me siento ahora, que es tarde, por no haberlos contado a tiempo.

Para conocer la verdadera historia {Amie - Damien Rice}

UNA HISTORIA POR CANCIÓN 69/100

"Recuerdo que me arrodillé, recuerdo el número del taxi que condujo hasta el infierno..."

De aquella noche recuerdo el número del portal de enfrente. El número de hojas secas tendidas en la acera como víctimas de un atropello. Las risas de aquellas chicas que bajaban la calle dejando el rastro de perfume a su paso.
Recuerdo cada uno de tus cabellos bailando sobre tus ojos mientras me hablabas. Tengo grabada cada canción que salió de cada ventanilla bajada, de cada radio de cada coche que surcó la carretera, mientras enunciabas tu discurso ensordecedor. Porque creo no haber oído nada.
Me acuerdo del punto exacto en el que dejaste de abotonarte la camisa aquel día. Del número exacto de centímetros de piel que me regalaste.
De las veces que parpadeé y te miré. De la coreografía de tus manos intentando hacerlo menos trágico. De la matrícula del taxi que te dejó en mi portal. Del ritmo de tus pasos al irte. De los segundos que duró tu abrazo.
Tengo mi garganta impregnada de tu colonia y los malditos y dulces recuerdos que trae siempre consigo. Tengo en las manos guardadas las ganas que no demostré. De enganchar tu chaqueta, de acariciar tu mejilla izquierda. De meter mis dedos entre el pelo de tu nuca. De recordarte a tí, amnésico de mi, lo que te gustaba que lo hiciese.

Pero no alcanzo a recordar ni una sola frase tuya de aquella despedida. No soy capaz de hacer nada más que resumir la infinita danza de tus labios durante unos diez minutos en una palabra: adiós. Cinco letras, dos sílabas. Un mundo.
Lo hubiera dado todo por un paréntesis, por un punto y seguido, a parte, por un quizás.¿Sabes? Hubiera soltado mi propio discurso ridículo en busca de limosnas, de besos y prórrogas. Hubiera salido corriendo en busca de las razones que tú no habías encontrado en el rollo de esta película, la hubiera repasado y te los habría regalado.

Pero en cuanto el ruído de tus excusas voló alrededor de nuestras cabezas repitiendo una y otra vez un adiós que retumbaba en las paredes de mi pecho como un eco asesino, ahí, en ese preciso instante, aunque hasta ahora me lo niegue, supe que todo aquello que ahora tengo grabado me recordaba que no eras tú. Que le había puesto el apellido equivocado a mi vida.

Para conocer la verdadera historia... {Noche de verano - Andrés Suárez}

UNA HISTORIA POR CANCIÓN 68/100

“La ciudad parece un mundo cuando se ama a un habitante” 

Y las calles se vuelven testigos del crimen de dejarte ir.
Pero mira que lo intento. Sacar los pinceles y pintar un paisaje diferente. Perfilar el contorno de otra mano agarrando mis desvelos.
 Mira que robo frases a todas las canciones como esta, esperando que me ayuden a entender o a olvidar. Sin entender que buscar es recordar. Y que ya soy experta en encontrar el ayer.


 Para conocer la verdadera historia... {La ciudad parece un mundo - Ismael Serrano}

UNA HISTORIA POR CANCION 67/100

He oído en una canción que “ningún amor muere, solo cambia de lugar en la memoria”. Y he empezado a entender.
A lo mejor lo que me pasa es que estoy recomponiendo mis pedazos, organizando los cajones y las estanterías de lo que vino y se fue, de lo que queda, de lo que ya no sirve, sacando los amores de verano y guardando los abrazos que abrigaban el invierno.
Hasta ahora no entendí porqué me dolían las ausencias que nunca estuvieron. Porqué podía pensarte queriendo a otro. Y porqué en mi habitación olía a dos historias, dos mundos y dos momentos. Ahora empiezo a entender que, aunque te haya dicho lo contrario, no puedo dejar de quererte. Todo aquello se ha reciclado en forma de canciones y fotos, que almacenan todo lo que el corazón y la cabeza no alcanzan.
Y que, aunque creas que has ganado la partida, aún no quiero sus fotos, sus recuerdos y su olor. Aún lo quiero a él sin testigos, sin actas ni firmas. Sin constancia oficial.
Porque lo importante no es a quien no olvidas, sino a quien archiva tu recuerdo.

Para conocer la verdadera historia... {La soledad comienza - Xhelazz}

UNA HISTORIA POR CANCIÓN 66/100

“Tanto hablar del fin que ahora apenas duele...” 

Y aquí estoy. Quizás no lo esperabas. Tal vez sí ¿quién sabe? Yo tampoco sé cómo acabé entre las líneas de este guión improvisado. Eso creo que deberías contármelo tú.
Yo sólo espero a que me cuentes tu plan maestro para terminar con todo, sentada frente a un café que no se enfría y con el que, creía, tendría un aliado entre silencios incómodos, robándole un sorbo que me entretenga cuando no sepa qué decirte.
 Ben Howard va contándole al público presente por el hilo musical cómo los recuerdos son lo mejor que hemos tenido. Y las mangas de mi camisa siguen dobladas, sin darme tampoco pretexto con el que interrumpir el debate de miradas que vas ganando por goleada indiscutible.
Siempre he odiado la manera que tienes de hacerlo, mirarme sin parpadear, sin miedos ni vergüenza. Con el poder suficiente para que me tiemblen los párpados y no sepa escucharte y mantener el duelo a la vez. 

Dímelo ya, hemos quedado para no volver a hacerlo jamás. Cerrar las puertas, coser las heridas. Tú lo ves como la simple sutura de un corte superficial. A mí se me cae la sal en las llagas y se me clava el filo de la navaja cada vez más hondo.

Y lo peor es no saber odiarte. No saber buscarte las cosquillas y buscar la mejor de mis respuestas, porque intento aplacarte. Lo peor es cuando solo sabes sonreírme. Haciendo de esto algo natural. Del hecho de haberme mentido, haberme embaucado. Haber sacado del cajón todas las plumas con las que suelo escribir. Hacer que agote la tinta en papeles que acabaron arrugados en la papelera de otra. Otra que ya estaba, que siempre estuvo ahí. Contarme que los bosques de noche son tristes sin mí, dormirte con ella después.

Al final simplemente supe quedarme con un libro en la mesilla, dos servilletas usadas de algún bar que visitamos, fotos que nunca se revelarán. Rellanos con tu olor.
Puede que haya perdido la partida, que no volvamos siquiera a jugar. Pero mi premio de consolación, la arena en mis zapatos, para mí es la marca de guerra que necesitaba para no volver a tropezar. No me encariñaré con una piedra como tú. Nunca. Nunca más.
Tanto hablar del fin que ahora apenas duele...

Para conocer la verdadera historia... {Noches reversibles - Love of lesbian}

UNA HISTORIA POR CANCIÓN 65/100

- La lluvia pasó y ha dejado su olor en la tierra... 
- ¿Y que vas hacer? 
- Volver a ser el que era 

 Aunque las cicatrices ya no puedan maquillarse. Aunque a las alfombras no se le puedan sacudir las arrugas invisibles del recuerdo. Aunque las luces apagadas llenen de tu luz el silencio y los olores de la habitación.
Intentaré ser el que era aunque ahora que tras romperme me he vuelto a montar, me sobren piezas. Algunas que nunca supe para qué servían y que funcionaron solo cuando apareciste aquí, activando todos los resortes.
 Volveré a acostumbrar las manos al bolsillo, y los ojos a observar más allá de mi costado cuando camine por esta inmensa ciudad. A sentarme en un cine sin buscar cobijo en la otra butaca, sin ver en sus frases nuestros vacíos.
Volver a ser el que era, reconstruirme tras la guerra.

Para conocer la verdadera historia {Palos de ciego - Izal}

UNA HISTORIA POR CANCIÓN 64/100

“Al final iré a Roma sin ti, no verán nuestros hijos la luz. No seré nada más para ti que una sombra de lo que fui. Al final nuestra canción no será la definitiva canción de amor”.

Al final va a resultar que no somos los protagonistas de ningún libro. Ni las derrotas le duelen a nadie más que a ti y a mi. Al final va a resultar que nuestros besos son unos besos más y tus reproches tan solo palabras que se diluirán entre el ruído de esta ciudad.
Al final va a ser que nos hemos sentido los héroes de una hazaña inexistente. Y que este adiós no le importa al mundo. Que es normal que no se pare nadie a preguntar porqué a nuestra ventana ya no asoman risas y que los parques sigan llenos de olor a vida y de manos que se entrecruzan los dedos sin culpabilidad. Al final va a resultar que lo nuestro no era una gran historia de amor para nadie más que para nosotros.
Y haremos nuevas cosas, viajaremos, tendremos planes, compraremos flores para otros y nos daremos cuenta de que hay más manos entre las que romper unas medias. Que el adiós es intemporal y que lo que uno siempre cree previsible se vuelve una hipótesis más, en medio de un mar de casualidades.
Porque el final (de algo) y el principio (de otra cosa) están realmente en el mismo punto.

Para conocer la verdadera historia {Al final - Fran Fernández}

¿Quién soy?

Si me preguntan quién soy no sé de qué “yo” tendría que hablar.
Según mi madre soy la desordenada, la miedosa y la que acabará sola por inaguantable. Según mi padre, todavía peor, ni siquiera sé quien soy.
Una profesora que se llenaba de pegatinas de colores la cara me dijo que soy una de esas personas que nunca avanzará. Que se sale por fuera al pintar y que no sabe jugar sin ensuciarse. Según un profesor de matemáticas, soy la insegura. Según aquel de gimnasia, nunca correré una maratón.
Según una niña del parque que tenía once años cuando yo tenía seis, nunca aprendería inglés. Según el niño que traía la pelota todas las tardes a la pista, nadie me elegiría nunca en ningún equipo. Según mi profesor de Taekwondo, soy egoista. Y según la psicóloga, poco sociable.
Según aquel cura que movía la babilla de labio en labio cuando daba misa, mi ateísmo me traerá problemas. Según algunos soy una más sin nada especial. Según otros muchos demasiado particular.

 Tan solo sé que la terquedad me ha traído valentía. Que he sabido colorear por dentro y que ensuciarse es parte del juego. Que he firmado segura muchos proyectos, que me gusta correr si hay algo ante mí y que I speak english better than you, bitch. You''ll be with your loneliness right now.
Que me han elegido millones de veces en muchos tipos de equipos y que dejé taekwondo por no dejar a mi equipo de ajedrez tirado. Que regalo mi tiempo y no pido nada a cambio.
 También sé que los psicólogos nunca se han tomado una copa ni se han reído conmigo a las seis de la mañana en un portal. A aquel cura sé que defender su fe le habrá traído más problemas que a mí. El ateísmo nunca le ha arrancado los miembros a nadie por pensar.
 Y sí, lo sé. No soy nada especial... porque soy del todo particular. Como cualquier otra.

 No sé bien qué quieren que cuente de todo esto cuando preguntan cómo soy. Porque quizás soy una mezcla de todos ellos o, mejor dicho, de lo que todos me han hecho creer.
Me han maquillado con tantas otras personas el cuerpo que ya no sé cuando hablo yo o el disfraz.

Querida yo de catorce años:

No te pongas la raya del pelo casi en la oreja. Con los años, un par de ellos, habrás entendido que no era la solución para tu frente... Y deja ya lo de Bisbal, no conduce a nada bueno. Y te acabará cayendo mejor Bustamante... Lo sé, hormonas. Querida yo adolescente, no pienses que las películas son ficción, se han inspirado en alguien, en algo. Quizás tardes en darte cuenta, pero te sucederán historias increíbles. Serás protagonista de amistades de ciencia ficción, de diálogos de película. De atardeceres que te contarán verdades.
No vuelvas a decir que eres arrítmica, que nunca serás buena para la música: dentro de unos años, nueve concretamente, tocarás la guitarra. Y no pares nunca de leer, nunca. Dentro de dos años empezarás a escribir sobre una chica que descubre un río de fotografías a sus pies. Si lo sigues con ella, habrás escrito tu primer libro. Tu mejor amiga, la que ya está ahora contigo desde hace una década, te animará a que el mundo lo descubra. Y créeme, será maravilloso sentarse a envolver tus libros. Oler tus historias en papel va a parecerte lo más bonito del mundo.
Querida yo a los catorce, no sigas buscando alternativas desesperadamente: el arte es para tí.Y no tengas miedo, sigue peleándote con tu padre. En cuatro años habrás ganado la batalla, estarás descubriendo las piedras de Santiago y la magia de la historia del arte.
Ah, y no odies Pontevedra. Cuando, después de cinco años increíbles, decidas seguir tocando de cerca la escultura y la pintura, será tu mejor refugio. Y serás feliz. Confía en mí.
Porque si pudiera hacerte llegar esta carta... te diría que esas lágrimas que llenan las hojas del diario azul, el que llenaste de pegatinas y fotos ajenas, me duelen a mí también hoy. Diez años después sigo entendiéndolas. Y, aunque las hayas derramado ya, siguen pesándome en la memoria como si siguieran aquí conmigo.
Y cuando pienses que quizás el año que viene la dieta funcione... te diré que para ello hay que hacerla. Que ahora todo son camisetas largas y mangas hasta la muñeca. Que vas a seguir queriendo quedarte en casa unos años más por no probarte un bañador. Que vas a seguir bajando la cabeza y odiando las fotos. Pero que si yo pudiera, te metería en la piscina de un empujón. Dejarás de esconderte las manos en los bolsillos, porque ya no te morderás las uñas. Y te encantará pintártelas. Aunque ahora no lo creas. Y, querida, vas a ser una gran fotógrafa. Está mal que yo lo diga, pero dentro de diez años te encantará lo que haces. Y a la gente también. Esas fotos que ahora pegas en tu diario las harás tú. Serás el testigo que relate con imágenes la boda, el bautizo y el amor de alguien.
Volarás alto, descubrirás por fin que no eres una llorona, sino sensible. Te darás por fin cuenta de que eres valiente, fuerte. Porque aunque toda la vida te hayan repetido que eres una miedosa, una cobarde y una pusilánime, superarás golpes de la vida que no esperarías ni en los culebrones más absurdos. Y lo harás como siempre has sabido, respirando y contando hasta diez. Superarás esos golpes que gente que siempre ha gritado a los cuatro vientos su fortaleza no derrotará. Obstáculos que se harán un mundo para cualquiera, serán escalones para tí. Duros, pero los saltarás con la certeza de que no hay vuelta atrás ni salida alternativa. Eso, querida amiga, es madurar. Y tú sabes cómo se hace.
Porque sabes ya que las partes más duras de la vida lo son tanto que ni siquiera puedes contarlas a nadie. Esas heridas nunca nadie las sabrá. Nadie más que tú. Pero hazme caso, no es necesario llorarlas para vencer. A ti te sobran armas. Y siempre has sabido utilizar la poca fe de los demás en tí como una de ellas, te encanta demostrarles que no tienen razón.
Tendrás grandísimos amigos. Aquí y allá. Por todo el mundo. Amigos de verdad. Y te querrán tanto como tú a ellos. Volarás en avión como quien coge un autobús. Te encantará la soledad que ahora se hace única opción, la elegirás por convicción. Conocerás a tus ídolos. Y dejarán de serlo. Uno se volverá tu amigo. Ahora no entiendes nada, pero vivirás rodeada de cosas bonitas. Te pondrás escote y te creerás, cuando te mires al espejo, que éste te grita ¡guapa!
Deja de repetirte que no eres nadie. No sigas interiorizando los defectos que la gente te saca. Sé que es fácil decirlo y no tanto conseguirlo. Pero si a tu edad lo hubiese escuchado más a menudo, creo que habria podido hacerlo todo mucho mejor. Escucha a tu tía, esa que te ve siempre tan guapa. Escucha a tu prima, esa que siempre te recuerda lo increíble que es lo que haces. Aprende a tirar a la basura lo que te sobra. La gente tóxica y los pensamientos innecesarios.
Porque no vale la pena que escuches que eres demasiado bajita, que te quedan mal las gafas, que eres torpe, mala para las matemáticas. Todo eso vive contigo y te hace especial.
Y es que no eres miedosa, eres valiente. ¡Te has hecho el tatuaje! Has hablado en público, has dado el discurso en tu graduación. Y has disfrutado. Y es que ahora hablas por los codos.
Y todo lo demás... Todo lo demás ya apenas te importa.
La vida está llena de momentos pequeños de los que apenas nadie se da cuenta y en los que ésta te susurra que hay algo más. Hay más gente que conocer, hay más libros por leer, más canciones con las que llorar, más lugares en los que sentirte pequeñita y grande a la vez.
Hay siempre algo detrás de lo que ahora lo parece todo. Todo llega y todo pasa.
Piensa, simplemente, que cuando uno adquiere el “dieci...” tiene que coger aire y sentarse a esperar. Esperar al “veinti...” para luego querer retroceder y hacer las cosas mejor. Hay algo más detrás de esa impaciencia y esa negrura que hace de eclipse a tu futuro. Sé que ahora todo son cuestas arriba, pero cuando uno llega a la cima, todo lo que tiene que hacer es coger las lecciones aprendidas y echarse a rodar. Quizás vuelvas a encontrarte algún día en un agujero. Pero entonces, quizás con más ganas y menos miedos, con más seguridad y madurez, tengas una cuerda para empezar la escalada.
Dentro de diez años estarás sentada ante un ordenador intentando contarte que no cometas los mismos errores una y otra vez. Y yo, con treinta y cuatro, estaré contándole a mi yo de veinticuatro que la vida es lo que no vemos y que nadie necesita más consejos que uno mismo.
Si pudiese hacerte llegar esta carta, querida yo de catorce años, en realidad, solo te pediría que fueses feliz por mí. Que te ahorrases las lágrimas y te convencieses que lo mejor siempre está por venir. Pero, por desgracia, no puedo. Así que solo me queda léermela yo una y otra vez, a ver si así, de tanto repetírmela, consigo que, dentro de diez años, nadie tenga que escribirme nada más que un “enhorabuena, fuiste todo lo que necesité que fueses”.


UNA HISTORIA POR CANCIÓN 63/100

We've been in the dark for way too long, but when we turn around we see light shine through the haze. So forget about who was wrong. Because I've never been more ready to turn this page”.


 Se sentó en el borde del muro, en aquella azotea que tantas conversaciones guardaba. Irónico, ella siempre huyendo de asomarse al precipicio, ahora le daba la espalda sin miedo al desequilibrio...
 - ¿Ya no tienes miedo? - le preguntó - Podrías caerte de un quinto piso. No lo contarías...
- Pero tú estás aquí
 - ¿Y?
- Un día dijiste que no me dejarías caer.
- Claro que no.
- Y echo de menos el vértigo... ¿Sigues llevando contigo ese paracaídas?

 Para conocer la verdadera historia {Dare to believe - Boyce Avenue}